lunes, 27 de agosto de 2012

Muere el héroe espacial más grande de EU


Neil Armstrong, el astronauta que marcara un logro legendario en la exploración con “un pequeño paso” desde el módulo lunar del Apollo 11 el 20 de julio de 1969, convirtiéndose en la primera persona en caminar sobre la luna, murió el sábado 25 de agosto en la cercanía de Cincinnati. Tenía 82 años.
Su familia anunció la muerte a través de un comunicado y la atribuyó a “complicaciones derivadas de procedimientos cardiovasculares”.
Un ingeniero y piloto de pruebas taciturno que nunca estuvo a gusto con su fama, Armstrong fue uno de los estadounidenses más reverenciado de carrera espacial de la Guerra Fría en la década de los 60. Es famoso por su frase: “Éste es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”, al pisar la superficie lunar; una cita indeleble transmitida a una audiencia mundial de cientos de millones de personas.
EL AMOR POR VOLAR
La peligrosa misión de 195 horas, que definió el lugar de Armstrong en la historia, desde el despegue del Apolo 11 el 16 de julio de 1969 al amerizaje de la cápsula en el Pacífico ocho días más tarde, atrajo la atención del mundo; trascendió las barreras culturales, políticas y generacionales en una época de profunda división social y cambio en Estados Unidos.
Al mismo tiempo que Armstrong, un civil, y sus compañeros de tripulación, los pilotos de la Fuerza Aérea Edwin Buzz Aldrin Jr. y Michael Collins, atravesaban el espacio, los televidentes de todo el mundo fueron testigos de un drama de fascinante tecnología y valor. Cerca de 500 millones de personas estuvieron atentos al culminante alunizaje y observaron las imágenes parpadeantes de la caminata lunar.
En medio del escenario, sereno y concentrado, se encontraba un pragmático astronauta de 38 años. Cuando Armstrong habló ocasionalmente en público acerca de la misión, por lo general lo hacía con parquedad y sus recuerdos eran principalmente operativos.
Yo soy y siempre seré, un ingeniero nerd de calcetines blancos y bolsillo protector”, aseguró sobre sí mismo. A diferencia de Aldrin y Collins, Armstrong nunca publicó un libro de memorias.
En 1966, durante su único vuelo espacial a parte del Apolo 11, una peligrosa avería su vehículo Gemini 8 causó que la nave girara sin control en la órbita de la Tierra. Fue la primera crisis potencialmente fatal en el espacio de la nación, la cual llevó a Armstrong y su compañero de tripulación a abortar su misión y a efectuar el primer reingreso de emergencia de la NASA.
Sin embargo, su habilidad y sangre fría nunca fueron puestos a mayor prueba que cuando el módulo lunar que transportaba a Armstrong y a Aldrin, después de haberse separado de la cápsula Apolo 11, comenzara su arriesgado descenso final, de 9 millas, al Mar de la Tranquilidad en la Luna.
Collins, quien esperaba en la órbita lunar, sólo podía esperar que ambos pudieran regresar a salvo.
El módulo lunar o LM (pronunciado lem) fue apodado Eagle. Su computadora de 1969, sobrecargada durante el descenso y parpadeando frenéticamente luces de alarma, guió a la nave casi todo el camino hasta la superficie.
Sin embargo, en los últimos pocos cientos de metros, Armstrong, al observar por una ventana, vio que la computadora había pilotado al Eagle más allá de su lugar de aterrizaje programado. La nave se dirigía a un enorme cráter rodeado de rocas tan grandes como automóviles.
Armstrong, como estaba previsto, tomó el control manual de la LM a 150 metros. De pie en el estrecho habitáculo de la cápsula, pilotando con una palanca de control y un interruptor de impulso, maniobró más allá del cráter mientras exploraba el paisaje lunar en búsqueda de un lugar para aterrizar a salvo.
Aunque el mundo lo recuerda más por haber caminado en la Luna, Armstrong recordó a su momento en la superficie como anticlimático, “algo que habíamos visto como razonablemente seguro y predecible”. Volar la LM era, “por mucho, la parte más difícil y desafiante” de la misión, comentó a un grupo de jóvenes en un correo electrónico en el 2007.
El “riesgoso” descenso era “extremadamente complejo”, escribió, y el guiar a la nave le dio una “sensación de euforia”.
Los pilotos no encuentran alegría alguna al caminar”, comentó una vez. “A los pilotos les gusta volar.”
UN GRAN SALTO
Mientras él y Aldrin descendían a bordo de un cono de fuego a 384,000 kilómetros de la Tierra, el motor rugiente de la LM levantó una nube de polvo lunar, distorsionando la percepción de profundidad de Armstrong y nublando su visión de la superficie.
Mientras tanto, el combustible del motor de descenso -separado del combustible que más tarde alimentaría el motor de ascenso en su salida de la luna- se redujo a un nivel crítico.
“Indicador de cantidad encendido”, advirtió Aldrin a cerca de 30 metros. Esto significaba que Armstrong, de acuerdo con los instrumentos de la NASA, tenía menos de dos minutos para posar suavemente la LM sobre la superficie o se enfrentaría a un temible problema.
Él habría tenido que abortar el descenso, lo cual habría terminado con la misión en un fracaso con un enorme costo del prestigio nacional y el tesoro, o habría tenido que arriesgarse a realizar una especie de aterrizaje de emergencia después de que se agotara el combustible, dejando caer la LM en la gravedad lunar resto del camino hacia abajo, con la esperanza de que el salto en cámara lenta no la dañara.
Finalmente, con 50 segundos de margen, el mundo escuchó a Aldrin decir: “Luces de contacto encendidas” y el tren de aterrizaje del Eagle se asentó en el suelo lunar. Su precario descenso de 12 minutos hacia lo desconocido dejó pulso de Armstrong latiendo al doble de lo normal.
La humanidad escuchaba, paralizada. “Houston, aquí Base Tranquilidad”, informó Armstrong. “El Águila ha aterrizado”. La respuesta de control de la misión se llenó de alivio: “Roger, Tranquilidad, los escuchamos. Tenían a un montón de tipos a punto de ponerse azules. Ya respiramos de nuevo. Muchas gracias”.
Cerca de seis y media horas más tarde, Armstrong, que pronto sería seguido por Aldrin, bajó por la escalera exterior de la escotilla de la LM.
El cómo de que Armstrong terminara al comando del histórico vuelo tenía que ver con sus habilidades y experiencia, además de un poco de buena fortuna.
Meses antes, cuando había sido nombrado comandante del Apolo 11, la NASA previó su misión como el primer alunizaje; sin embargo, nadie podía estar seguro. Otros tres vuelos del Apolo tuvieron que terminar de preparar el camino. Si alguno de esos vuelos hubiera fracasado, el Apollo 11 hubiera tenido que tomar el relevo, lo que habría dejado el tan representativo descenso, en manos de otro equipo.
El porqué de que la agencia espacial eligiera a Armstrong y no a Aldrin para el famoso primer paso al desembarcar de la LM, tuvo que ver con las personalidades de los dos hombres.
Públicamente, la NASA aseguró que la decisión del primer paso fue una decisión técnica dictada por el lugar donde los astronautas se posicionarían en la pequeña cabina de la LM. Pero en su autobiografía del 2001, Christopher C. Kraft­ Jr., un alto oficial de vuelo de la NASA, confirmó la verdadera razón.
Aldrin, quien tuvo problemas con el alcoholismo y la depresión después de su carrera de astronauta, era abiertamente obstinado y ambicioso, y dejó en claro dentro de la NASA por qué él pensaba que debería ser el primero en bajar. “¿Pensamos que Buzz era el hombre que sería nuestro mejor representante en el mundo, el hombre que sería leyenda?” Kraft recordó. “No, no lo pensamos así”.
Por otro lado, Armstrong calladamente mantuvo firme su creencia de que el descenso y el alunizaje, no la caminata lunar, sería el logro más significativo de la misión. “Armstrong; reticente, de voz suave y heroico, era nuestra única opción”, afirmó Kraft.
En cuanto a su famosa declaración, Armstrong indicó que no pensó mucho en ello y que la idea se le ocurrió tras el aterrizaje.
Él siempre mantuvo había planeado decir “un hombre”. Si el “un” se perdió en la transmisión o Armstrong se equivocó, nunca se ha resuelto por completo. Pero cuando sus botas tocaron la superficie lunar, el mundo escuchó:
"Éste es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”.

Neil Armstrong

Enamorado del vuelo; piloto desde los 16 años
Nació el 5 de agosto de 1930, en la pequeña localidad agrícola de Wapakoneta, Ohio. Obtuvo su licencia de piloto a los 16 años.
Ingresó a la Marina en 1949, llegando a ser el piloto más joven en su escuadrón de combate en el portaaviones USS Essex. Voló 78 misiones de combate en la Guerra de Corea.
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